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Lombrices intestinales, ¿cómo eliminarlas?

11 abril 2016

Si percibes que tu niño está muy irritable, duerme mal o notas que le pica el culete, es probable que tenga lombrices. Cómo detectarlas y eliminarlas...

¿Qué hacer si tu hijo tiene lombrices?

Si percibes que tu niño está muy irritable, duerme mal o notas que le pica el culete, es probable que tenga lombrices. La mayoría de las infecciones por lombrices en niños son por un tipo de lombriz muy común: la oxiuriasis.

Según la Asociación Española de Pediatría más del 50% de los niños de más de tres años tendrá una infección de lombrices intestinales u oxiuriasis.

Pero no os preocupéis en exceso, hoy os vamos a contar un poco más de este mal menor que podemos resolver con unas sencillas pautas de prevención, exploración y tratamiento.

¿Cómo son las lombrices?

Las lombrices u oxiuros son blancas, finas y miden unos 5 milímetros. Son capaces de vivir y reproducirse en el intestino grueso, producen picor y son visibles a simple vista principalmente en la noche y a primera hora de la mañana. No hay que preocuparse ya que no produce ningún daño en el niño más que picor.

¿Cómo se infectan los niños?

La oxiuriasis se adquiere cuando se ingieren los huevos de las lombrices involuntariamente, que estos son diminutos y no visibles por el ojo humano y se encuentran en cualquier superficie que haya tocado una persona/niño con este problema. Además suelen permanecer debajo de las uñas, la zona más difícil de lavar.

De esta manera, una vez que están en las manos de los niños no tardaran mucho en llegar a la boca, entrando así en el aparato digestivo.

Los huevos al llegar al intestino delgado eclosionan y las larvas siguen su camino hasta que llegan al intestino grueso. Una vez allí, las hembras por la noche aumentan su actividad y se acercan al recto y al ano a poner sus huevos. Es por lo que durante la noche son más visibles y también aumenta el picor y con ello la necesidad de rascarse, provocando la reinfección.

¿Cómo identificar si un niño tiene lombrices?

Los síntomas principales son picor e irritación en la región anal y en los genitales, que puede ir acompañado de irritabilidad, insomnio y pesadillas a la hora de dormir, dado el aumento de la actividad de los oxiuros en la noche.

Lo esencial es la exploración, ya que son visibles y es importante revisar al niño cuando aparezcan los síntomas.

¿Cómo podemos prevenirlo?

La única manera de intentar evitarlo es tomar todas las medidas higiénicas posibles, aunque a veces es imposible evitarlo.

Es importante lavarse las manos habitualmente, remarcando la importancia de hacerlo después de ir al baño. Puede ser una buena idea tener un cepillito para las uñas en el lavabo para facilitar su limpieza.

Mantener las uñas de los niños muy cortitas puede ser practico no solo por evitar el contagio, sino también por evitar que se haga daño en la piel al rascarse.

Una vez se detecta el problema es importante lavar las sabanas, pijama, toallas y ropa interior con agua muy caliente para eliminarlos. Y seguidamente desinfectar inodoros.

También puede ser muy práctico un pijama cerrado para evitar que se rasquen.

Debido al alto grado de reinfestación, el control se hace difícil en las guarderías y  escuelas. En instituciones puede ser efectivo el tratamiento simultáneo y masivo de todos los componentes y repetirlo a las 2 semanas.

¿Cuál es el tratamiento?

Normalmente el médico recomienda un medicamento que elimina las lombrices pero no los huevos, por ello ha de repetirse una segunda toma 2 semanas después.

Aunque también podemos encontrar en el mercado unos jarabes a base de concentrados y extractos de plantas naturales como son el anís, la papaya, la calabaza y la genciana que también tienen propiedades antihelmínticas para la eliminación de las lombrices y también digestivas. Son de fácil dosificación y tomando 20 ml repartidos en una o dos tomas es suficiente y tienen un agradable sabor.

Si los oxiuros reaparecen, es mucho más probable una reinfestación que un fallo del tratamiento. Las infestaciones repetidas deben tratarse de igual manera que la primera.

De todos modos, como decíamos al principio, no debemos alarmarnos y lo importante como siempre se lo dejamos a la prevención, la vigilancia y por supuesto a un buen tratamiento.

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